Coworking, un aliado del emprendedor

Cuando se toma la decisión de montar un negocio, tanto si es uno solo como acompañado de un equipo de pequeño tamaño, uno de los obstáculos no es el producto, la idea o el cliente, sino dónde se trabaja. Hacerlo en casa suele ser lo más lógico, puesto que no debes pagar alquiler, puedes hacer tus horarios, café sin límites y todo está cerca.

En poco tiempo se nota que el salón, la cocina o el rincón de tu dormitorio no están ideados para esto. A lo que se suele recurrir muchas veces es a la cafetería, puesto que es pública, dispone de Wifi y no cuesta mucho quedarse un ratito. Eso sí, suele haber ruido, hay que buscar enchufes y no deja uno de sentir que está de prestado.

La respuesta a una necesidad

Justo aquí es, como nos dicen desde 080 Cowork que es donde el Coworking es algo más que una tendencia o un lujo; estamos ante una necesidad para los emprendedores o los que dirigen una pequeña empresa. No es solo disponer de un sitio que tiene mesas y sillas.

Hablamos de la creación de un entorno que impulse para concentrarse, facilitando las conexiones naturales y que sea flexible sin la necesidad de estar sujeto a los compromisos de una oficina clásica.

El problema del espacio en los comienzos

Los emprendedores pasan por la fase inicial donde el trabajo se realiza donde se puede. La casa puede parecer cómoda, pero existe una serie de problemas estructurales que afectan de manera directa a la productividad.

No existe la separación entre la vida personal y la profesional. Esto hace que las distracciones sean inevitables, puesto que el teléfono puede sonar, se debe hacer la comida o alguien de la casa puede necesitar algo. Al final, el mobiliario no se ha diseñado para pasar tantas horas frente al ordenador y las malas posturas pasan factura a nuestro cuerpo.

Sí que es verdad que la calle tiene algunas salidas temporales como las anteriormente mencionadas cafeterías, pero también las bibliotecas pueden ser soluciones temporales, aunque no solucionan el problema. El coworking soluciona este problema, puesto que tienes la flexibilidad de no tener un contrato fijo y dispones de la seriedad de estar en un entorno que se dedica al trabajo.

No es la típica oficina, que tiene una serie de compromisos a largo plazo y gastos fijos elevados. Es un sitio en el que se puede entrar y salir dependiendo de las necesidades, con todo lo esencial ya listo para poder rendir desde el primer momento.

¿Qué es lo que hace único al coworking?

Si piensas que es solo un local que tiene alumnos compartidos, estás equivocado. Cuenta con una filosofía detrás que lo distingue de cualquier otra clase de espacio de trabajo. Un diseño que se ha ideado para que puedas estar concentrado, pero sin estar aislado del todo. Existen áreas abiertas para trabajar de manera individual, pero de la misma forma rincones más tranquilos, así como sofás para pensar en ideas grandes y salas cerradas para esas reuniones puntuales.

La luz natural, plantas o colores neutros no son una decoración casual; son de gran ayuda para que la mente se mantenga activa sin que aparezca la fatiga visual. La tecnología es importante. Olvídate del wifi doméstico que acostumbra a fallar en las horas punta; suele ser fibra óptica a alta velocidad que es capaz de soportar videollamadas múltiples, descargas pesadas y trabajo en equipo sin necesidad de cortes.

Existen enchufes que son accesibles en todas las mesas, así como impresoras compartidas que evitan adquirir una propia y sistemas de videoconferencia en las salas que permiten hacer conexiones con clientes lejanos. Todo esto sin que tengas que preocuparte por el mantenimiento o las facturas.

Lo que define de verdad al coworking es la dinámica social. Existen una serie de normas que respetan el silencio, como por ejemplo los auriculares para las llamadas, limpieza de las zonas habituales, así como el respeto por el espacio del otro. De la misma forma, se fomentan las interacciones naturales.

La flexibilidad es una ventaja clave

Los emprendedores tienen un enemigo peligroso, que es la rigidez. Los contratos de oficina tradicional atan a metros cuadrados que es posible que no siempre vas a necesitar.

El coworking funciona al revés: tú eres el que decides cuánto espacio necesitas y cuándo. En algunas opciones hay horas para el día que aparecen cuando hay un proyecto urgente, así como pases semanales para que se pueda probar el ritmo, o mesas fijas mensuales para quien busca la rutina y oficinas cerradas para los equipos que crecen, pero que no desean dar el salto hacia algo permanente.

El factor de la adaptabilidad es importante cuando fluctúan los negocios. Un mes puede facturar bien y necesitar una sala de reuniones para el cierre de tratos. Al siguiente debes reducir el ritmo y solo usar un pupitre flexible.

No pagas por lo que no usas, pero sí que tienes acceso a todo lo que necesitas. Hablamos de una libertad que quita presión y que hace posible centrarse en la generación de ingresos en vez de gastos fijos.

La ubicación estratégica. Esto hace que los coworkings se concentren en áreas céntricas o bien comunicadas y que tienen acceso fácil a aparcamientos, servicios y al transporte público.

La productividad impulsada por el coworking

El entorno es algo que influye de manera directa en el rendimiento. Un espacio que se encuentre desordenado o poco adecuado lo que hace es dispersar la atención, pero si se piensa bien, se canaliza.

En un coworking, hay que prestar atención a la ergonomía de las sillas y las mesas, la cual se calcula para muchos días sin tener dolor de espalda. Una buena iluminación evita la somnolencia que tienen los fluorescentes fríos. Un silencio relativo ayuda a que fluyan las tareas donde es necesaria más profundidad. Por último, las zonas comunes permiten que se pueda recargar sin que se desconecte del todo.

El que haya otras personas trabajando lo que hace es crear un efecto de contagio en las otras personas. Cuando se ve a alguien concentrado, ello motiva a que no se baje el ritmo. No existe esa tentación de la cama o de la tele que hay en casa.

Nos recuerda de manera constante que estamos en modo profesional. Esto es algo que se multiplica en las empresas de menor tamaño, puesto que ayuda a que el equipo se pueda cohesionar, al estar compartiendo espacio con dinámicas parecidas, sin que haya el aislamiento que tiene el trabajo remoto puro.

El que haya varias zonas también es algo que ayuda bastante, puesto que así se adapta el sitio al flujo de trabajo en el día a día y se maximizan las horas efectivas de trabajo.

Costes que funcionan como inversión

El dinero es una preocupación cuando se empieza, pero la amortización del coworking es rápida. En ellos, por un precio fijo reducido, se tiene acceso a servicios que de otra manera serían mucho más caros. Si lo comparamos con el alquiler de una oficina, el ahorro que se produce es claro: no se paga ni comunidad, ni luz, ni muebles, ni reformas. Todo preparado desde el primer día.

Algo importante es la flexibilidad económica; cuando un mes venga flojo, se deben reducir a pases diarios. Si ves que tu negocio crece, puedes escalar a mesa fija o a un equipo que no tenga mudanzas. No hay penalizaciones por cambiar. Esta agilidad financiera hace posible la inversión en lo que puede generar ingresos, no en estructuras rígidas.

Networking sin esfuerzo

Las conexiones aparecen de manera natural, por lo que no hay eventos forzados. Tienes a la persona que está al lado tuyo preguntando por cómo va tu proyecto o esa charla en la máquina de café o de refrescos sobre un reto que tenéis en común, o te pueden dar ese consejo rápido por parte de un experto.

Hablamos de una red de apoyo que se construye a diario y que no es algo superficial, puesto que nace de problemas compartidos. Un emprendedor encuentra mentor informal; una empresa que capta freelance lo hace de manera puntual. Se puede decir que el coworking lo que hace es acelerar una serie de relaciones que en otro tipo de contextos tardan muchos meses.

El impacto a más largo plazo

El coworking no es algo temporal; quienes lo prueban ven cómo el negocio se organiza bastante mejor, las ideas se ven más claras y las oportunidades puedes ver cómo aparecen solas. Esto hace que se convierta en hábito al ser los resultados mucho más tangibles. Se trata de horas de mayor efectividad, conexiones de gran valor y un crecimiento sin atascos en materia de logística.

Para las empresas, ayuda a tener mayor agilidad a nivel estructural. Hablamos de equipos híbridos, proyectos más rápidos, donde hay escalabilidad sin tantos riesgos.

Conclusiones

Lo que hace el coworking en definitiva es solucionar el problema que puede frenar a multitud de emprendedores, dónde trabajar, pero realmente va mucho más allá. Se crean entornos que impulsan la concentración, las conexiones y la flexibilidad.

No es para todo el mundo, pero para quienes emprenden o dirigen un equipo de pocas personas, si esto se ignora, puede limitarse el potencial de la empresa. La inversión en espacio es necesaria y ayuda a la buena marcha del negocio.

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